La activación de los protocolos de protección civil ha movilizado a los equipos de emergencia para la evacuación preventiva de zonas montañosas y de alto riesgo de deslave, la suspensión de actividades pesqueras y el reforzamiento de la infraestructura costera ante el aumento del oleaje y el riesgo de inundaciones repentinas en áreas urbanas y agrícolas.
Que el paso de un fenómeno meteorológico vuelva a poner en jaque a comunidades enteras expone las deficiencias continuas en el ordenamiento territorial y la fragilidad de las obras de contención frente a la creciente severidad del cambio climático.