El cambio de horario estacional y la consecuente reducción de la luz solar han encendido las alarmas en las vías urbanas, donde la falta de iluminación adecuada, la escasa señalización reflectante y el exceso de velocidad exponen a peatones y ciclistas a un riesgo constante.
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En los trayectos nocturnos, la penumbra de avenidas primarias y cruces oscuros —donde la infraestructura prioriza el flujo vehicular antes que la seguridad humana— incrementa de manera drástica la cifra de atropellamientos y percances fatales en los sectores más vulnerables.













