En junio de 1906, los mineros de Cananea se levantaron contra las jornadas extenuantes, los salarios miserables y las condiciones de explotación. La respuesta fue una brutal represión que dejó decenas de muertos y convirtió aquella huelga en uno de los antecedentes más importantes de la Revolución Mexicana.
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Su lucha abrió camino a derechos como la jornada de ocho horas, el descanso semanal y un salario digno. Hoy, más de un siglo después, recordar Cananea es reconocer que ningún derecho laboral fue un regalo: todos son conquistas obreras que deben defenderse y hacerse valer cada día.













