Las intensas precipitaciones, que acumularon entre 200 y 230 milímetros en territorio brasileño, desbordaron cauces, inundaron zonas productivas y elevaron el caudal de los ríos hasta obligar al cierre temporal de pasarelas turísticas en las cataratas de Iguazú.
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Más allá de la emergencia, estos episodios ponen de relieve la importancia de impulsar una estrategia binacional de adaptación climática, con sistemas de alerta temprana, monitoreo hidrológico compartido, protección de las cuencas y medidas preventivas para resguardar a las comunidades rurales y sus actividades económicas.
La gestión coordinada del riesgo es clave para reducir las pérdidas y fortalecer la resiliencia de toda la región fronteriza.













