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Los romanos tenían un “truco” para que sus edificios duraran miles de años; ¿cómo lo hacían?

El hormigón de la antigua Roma esconde un sorprendente secreto: podía cerrar por sí solo pequeñas grietas gracias a una reacción química. Este hallazgo ayuda a explicar cómo construcciones de hace más de 2.000 años siguen resistiendo hoy.