Desde la perspectiva de la demografía cuantitativa y la dinámica de poblaciones, el indicador más crítico es la caída en la tasa global de fecundidad, que pasó de 2.1 a 1.9 hijos nacidos vivos por mujer. En términos demográficos, un índice inferior a 2.1 implica ubicarse por debajo del nivel de reemplazo generacional, lo que significa que la base piramidal dejará de renovarse al ritmo necesario para sostener la estructura actual.
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Este fenómeno aceleró el aumento de la edad mediana en el país, la cual saltó de 29 a 32 años en solo cinco años. El estrechamiento de la base joven acorta el plazo del denominado “bono demográfico”, elevando progresivamente la razón de dependencia de adultos mayores sobre la población económicamente activa.












