La física nuclear y la toxicología revelan cómo el radio-226 se fija en la matriz ósea simulando ser calcio, emitiendo radiación alfa que destruyó sus mandíbulas y esqueletos.
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A pesar de que el radio era promocionado como una sustancia milagrosa y saludable, su manipulación industrial sin protección provocó una de las crisis de salud ocupacional más graves del siglo XX, exponiendo las consecuencias de la desinformación corporativa sobre los trabajadores.