En la década de 1960, la Sugar Research Foundation (organización gremial de la industria azucarera estadounidense) financió secretamente revisiones bibliográficas publicadas en revistas científicas de prestigio por investigadores de la Universidad de Harvard. El objetivo central fue desviar la atención pública de las evidencias que vinculaban al azúcar refinado con las enfermedades coronarias, señalando a la grasa saturada y al colesterol como los únicos responsables.
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Esta manipulación de la evidencia científica influyó durante décadas en las guías nutricionales gubernamentales a nivel global, incentivando la formulación de productos bajados en grasa pero saturados de carbohidratos simples.












