Las voraces llamas, impulsadas por intensas ráfagas de viento y una vegetación extremadamente seca, convirtieron vecindarios enteros en infiernos de ceniza en cuestión de minutos, obligando a las autoridades a desplegar una orden de evacuación de emergencia para más de 60,000 residentes que tuvieron que huir a toda prisa dejando atrás todo lo que poseían.