La amarga realidad dentro de miles de centros de trabajo es muy distinta: jefes mañosos y departamentos de recursos humanos aplican la vieja maña de ignorar la Ley Federal del Trabajo, entregando montos mochados a la mitad, inventando descuentos injustificados, condicionando el dinero al cumplimiento de metas absurdas o de plano argumentando pretextos financieros para diferir el pago hasta el año entrante.
Ante la urgente necesidad de llevar el sustento al hogar y el temor latente a perder el empleo, miles de empleados optan por agachar la cabeza y aceptar migajas sin chistar, permitiendo que la ilegalidad patronal se convierta en la regla silenciosa de cada diciembre en las empresas del país.













