Biólogos marinos e investigadores locales señalaron que esta coloración atípica en el cetáceo —atribuida a variaciones genéticas como el leucismo o a características propias de poblaciones de delfines jorobados del Indo-Pacífico— fue documentada por tripulaciones de embarcaciones locales que captaron al animal desplazándose con aparente normalidad en su hábitat natural, un fenómeno sumamente raro en esta región del Medio Oriente.













