Cuentan los choferes que al pasar por estos tramos de madrugada, los faros del camión iluminan de repente a una persona parada justo a mitad del carril pidiendo auxilio con el rostro pálido y ensangrentado; pero al intentar frenar a fondo o dar el volantazo para no arrollarla, el vehículo atraviesa la figura sin sentir impacto alguno, mientras una risa maquiavélica retumba de la nada dentro de la cabina, dejando al conductor temblando de miedo.













