Esa sacudida eléctrica que recorre los brazos ocurre en el instante preciso en que una pieza musical rompe su ritmo habitual, cambia de armónicos o alcanza una nota aguda e inesperada que toma por sorpresa a nuestra mente.
En ese milisegundo de revelación auditiva, el sistema nervioso interpreta el cambio brusco de sonido como un estímulo desconocido o una alteración del entorno, liberando una descarga instantánea de dopamina que altera la temperatura corporal y activa los pequeños músculos erectores de los folículos pilosos.













