Ante el fuego inminente en la turbina, los pilotos actuaron con rapidez para abortar la salida y activar los protocolos de emergencia, logrando detener el aparato sobre la pista para proceder con la evacuación de todos los pasajeros mediante los toboganes de emergencia.
Pese a la gravedad del incidente que amenazó con convertirse en una catástrofe aérea, los equipos de rescate y bomberos aeronáuticos controlaron las llamas con prontitud, reportando saldo blanco en cuanto a pérdidas humanas, aunque la aerolínea se limitó a calificar la falla catastrófica simplemente como un “evento técnico imprevisto”.













