Cuentan los vecinos que, en punto de la medianoche, una figura vestida de novia flota en la penumbra del Callejón del Loco, desapareciendo justo cuando los transeúntes intentan acercarse para ver de quién se trata.
La historia ha pasado de generación en generación, logrando que más de un despistado prefiera darle la vuelta a la manzana antes de cruzar por los pasajes oscuros del primer cuadro de la ciudad.













