Desde la meteorología y la química atmosférica, la tragedia fue provocada por un fenómeno conocido como inversión térmica.
Un anticiclón de aire frío se posó sobre la cuenca del río Támesis, atrapando una capa de aire estancado a nivel del suelo e impidiendo que los gases calientes de las chimeneas pudieran subir y dispersarse a la atmósfera.












