Sin embargo, entre enero de 1953 y abril de 1954, tres aeronaves Comet sufrieron catastróficas desintegraciones en pleno vuelo a gran altitud, lo que obligó a suspender toda la flota global para una investigación forense sin precedentes.
Los peritajes de ingeniería estructural en los tanques de prueba de la Real Fuerza Aérea Británica (RAE Farnborough) revelaron que la causa raíz no provenía de una falla en los motores, sino de un fenómeno físico hasta entonces subestimado.