En las imágenes se aprecia cómo el pequeño animal lucha desesperadamente por mantener la cabeza fuera del agua mientras la crecida del río lo empuja sin piedad río abajo.
Las tormentas fuertes incrementan el volumen y la velocidad del agua en cuestión de minutos, creando turbulencias y remolinos que impiden a un animal hacer pie o nadar hacia la orilla.












