La fiesta del balompié de este año es el pretexto perfecto para mirar al hombre que nos enseñó a amar este deporte, darle las gracias por las tardes de gloria y frustración compartidas, y fundirse en un abrazo sincero al medio tiempo. Al final del día, los campeonatos van y vienen, los jugadores se retiran, pero la bendición de compartir los mismos colores con papá en el sillón de casa es un trofeo eterno.