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El último adiós a los guardianes perrunos de Chichén Itzá: ¿Qué les pasó a “Tomasita” y “Wero”?

Los icónicos lomitos que se volvieron virales durante la pandemia por custodiar las pirámides mayas tuvieron que ser sacrificados debido a graves complicaciones de salud; ¿Qué fue lo que pasó con ellos? Te lo contamos.

chichen itza

Las escalinatas de la pirámide de Kukulcán en Chichén Itzá, Yucatán lucen un poco más vacías. Una ola de tristeza invadió a los trabajadores, guías de turistas y visitantes de la emblemática zona arqueológica tras confirmarse el fallecimiento de “Tomasita” y “El Wero”, los dos perritos callejeros que por años adoptaron el sitio como su hogar y se convirtieron en los "guardianes" oficiales del patrimonio maya.

La historia de estos lomitos comenzó a escribirse antes de la crisis sanitaria. De acuerdo con los custodios del lugar, “El Wero” (también conocido cariñosamente como “Chucho”) empezó a merodear la zona arqueológica en 2019, pero fue en 2020, durante el confinamiento por la pandemia, cuando se integró de lleno a los recorridos de vigilancia junto al personal del sitio. Poco después se le unió “Tomasita” (o “La Negra Tomasa”), una perrita un poco más reservada pero sumamente noble, cuya hora favorita del día siempre fue la de la comida.

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Ambos canes se ganaron el corazón de los empleados del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y de miles de turistas de todo el mundo, quienes compartían fotos de los perritos descansando plácidamente al pie de los antiguos templos.

Una dolorosa pero necesaria despedida

Desafortunadamente, el tiempo y la enfermedad alcanzaron a los emblemáticos animales. Según informaron los propios custodios del sitio, ambos perritos tuvieron que ser sacrificados por médicos veterinarios para evitar que siguieran sufriendo debido al intenso dolor que padecían.

Se detalló que “El Wero” presentaba un tumor agresivo que ya le causaba un deterioro físico muy notorio y agudos dolores. Por su parte, aunque no se especificaron las complicaciones médicas exactas de “Tomasita”, su estado de salud también era crítico, por lo que se tomó la dura decisión de aplicarles la eutanasia para darles una partida digna.

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La noticia de su fallecimiento desató de inmediato cientos de mensajes de cariño y nostalgia en redes sociales, donde usuarios de diversas nacionalidades lamentaron su partida y recordaron cómo estos animales le daban un toque único y cálido a la majestuosa ciudad maya.

Guardianes del más allá

Para los pobladores de la región y los trabajadores con raíces mayas, la presencia de estos perros en Chichén Itzá tenía un significado místico muy profundo. En la zona es muy recordada la leyenda de “Kakasbal”, un espíritu del mal que intentó corromper el alma de un perrito maltratado para que traicionara a su dueño; sin embargo, la lealtad inquebrantable del animal logró engañar y derrotar al demonio.

Por esta razón, en la cultura local se mantiene un profundo respeto hacia los perros, bajo la fiel creencia de que son seres sumamente leales y los encargados de guiar las almas de los humanos al momento de la muerte.

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