El ingreso de los primeros frentes fríos de la temporada ha vuelto a poner en evidencia la vulnerabilidad de la red eléctrica, donde ráfagas de viento y marcados descensos de temperatura provocan apagones masivos en comunidades urbanas y rurales.
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Esta situación impacta directamente a clínicas, hospitales y sistemas de bombeo de agua potable, interrumpiendo el funcionamiento de equipos médicos vitales y sistemas de calefacción en los momentos de mayor necesidad para la población.
Las fallas recurrentes responden al deterioro de la infraestructura energética, caracterizada por transformadores obsoletos, cableado envejecido y la falta de mantenimiento preventivo en las subestaciones.













