En 1847, el médico húngaro Ignaz Semmelweis ordenó el lavado de manos obligatorio con cal clorada en una sala de partos de un hospital de Viena y logró que la mortalidad por fiebre puerperal bajara hasta igualar la de la otra sala, pero su propuesta fue ridiculizada y él terminó despedido.
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¿Qué descubrió Semmelweis en el hospital de Viena?
De acuerdo con el relato histórico, el médico observó que en una de las dos salas del hospital la mortalidad era varias veces mayor, con cifras que en el peor caso oscilaban entre el 10 y el 20 %. Esa sala era atendida por médicos que pasaban de las autopsias directamente a los partos. Tras ordenar el lavado obligatorio, las muertes disminuyeron. En esa época aún no se hablaba de gérmenes, por lo que no existía una explicación para el resultado. Cuando Semmelweis dejó el hospital en 1850 y la norma dejó de cumplirse, las muertes volvieron a aumentar. Murió en 1865.
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¿Cómo lavarse las manos correctamente?
Basta con agua y jabón, tallando palmas, dorso, muñecas, entre los dedos y uñas durante 20 a 30 segundos. Se recomienda hacerlo antes de preparar alimentos y de comer, después de ir al baño o cambiar pañales, tras toser o estornudar, después de tocar basura o animales, y antes y después de atender a un enfermo. Se estima que esta práctica puede reducir hasta en un 40 % las enfermedades diarreicas.













