Tras inundaciones severas, la saturación del suelo y el incremento del tirante de agua destruyen los microhábitats terrestres, forzando a los grupos familiares a desplazarse por corrientes urbanas.
Al navegar por avenidas anegadas, estos animales emplean su pelaje de cerdas impermeables y su densidad corporal para mantener la flotabilidad, orientándose a través de marcas olfativas y vocalizaciones de baja frecuencia para evitar la dispersión de la manada en entornos completamente atípicos.












