A nivel biomecánico y neurofisiológico, la capacidad de un cuadrúpedo para mantenerse erguido sobre la superficie móvil de un equino depende de las respuestas continuas de su aparato vestibular en el oído interno y del arco reflejo neuromuscular en sus extremidades.
Con cada paso del caballo, la aceleración vertical y la transferencia de momento angular generan una inestabilidad constante que obliga al sistema nervioso del perro a realizar microajustes musculares en tiempo real.












