Estos inmuebles, cuyas fachadas lucen tapizadas de grafiti, maleza descontrolada y acumulación de basura, rompen con la armonía de los vecindarios y se transforman rápidamente en zonas sin ley, operando como tiraderos clandestinos de desechos que emanan fétidos olores y devalúan el patrimonio de las familias que habitan en los alrededores.