Durante varios meses, la presencia de un ejemplar de tres metros de longitud sobre las aguas del río Cuale se convirtió en un espectáculo fascinante para locales y turistas que observaban su desplazamiento desde los puentes y las orillas.
Sin embargo, lo que comenzó como un atractivo natural de la zona costera mutó rápidamente en una situación de riesgo extremo para quienes transitaban cerca del agua.