Según la leyenda, a los pocos días de encierro, la falta absoluta de sueño desató la demencia total: los gritos de pánico cesaron, las cámaras se cubrieron por dentro con los cuerpos destrozados de los sujetos y, cuando los científicos finalmente abrieron la puerta, se encontraron con una escena dantesca de automutilación extrema y pacientes que suplicaban no ser liberados, afirmando que la verdadera locura y los peores monstruos ya no vivían afuera, sino dentro de sus propias mentes destrozadas.