Cuando un peatón tropieza en una banqueta agrietada, el cuerpo debe absorber fuerzas equivalentes a dos o tres veces su peso corporal en milisegundos.
Además, en términos de física urbana, la falta de cobertura arbórea en las periferias convierte estas planchas de concreto roto en islas de calor donde el asfalto puede superar los 50°C, irradiando energía térmica directamente hacia el peatón y acelerando la deshidratación.












