Se cuenta que durante la construcción de la Presa de San José, iniciada en el siglo XIX, varios niños fueron encerrados entre sus muros para asegurar la resistencia de la obra.
La leyenda tiene distintas versiones, pero una de las más conocidas dice que sus llantos podían escucharse cuando se aproximaba una tragedia.
El relato quedó ligado a la inundación de 1933, aunque aquella tragedia se relaciona con el colapso de la antigua presa La Constancia, no con la Presa de San José.