La tranquilidad de la población en la zona de Chapecó se transformó en una auténtica pesadilla cuando el horizonte se oscureció de forma repentina y un imponente embudo de viento comenzó a tocar tierra a gran velocidad.
En cuestión de minutos, las corrientes extremas desprendieron tejados enteros de viviendas y comercios, haciendo volar láminas de metal y escombros como si fueran papel por encima de los vecindarios.













