La rutina habitual de viajeros y trabajadores en el suroeste de Brasil se transformó en una auténtica pesadilla cuando corrientes de aire de fuerza descomunal azotaron con violencia la estructura del aeropuerto.
En cuestión de segundos, la enorme fachada de vidrio no soportó la brutal presión atmosférica y se hizo pedazos por completo, lanzando una lluvia de cristales punzocortantes y escombros hacia el interior del edificio.













