Cada componente cumple una función ritual específica: las veladoras guían con su luz el retorno; el vaso de agua mitiga la sed del alma tras el largo viaje; la sal purifica el espíritu; y la flor de cempasúchil traza con su aroma el camino hacia la ofrenda, la cual tradicionalmente se instala desde el 28 de octubre para recordar a quienes fallecieron de forma trágica, se mantiene activa los días 1 y 2 de noviembre para recibir a las ánimas infantiles y adultas, y se desmonta el 3 de noviembre.













