Desde la etología de ungulados, la neuroendocrinología y la fisiología térmica, el distanciamiento por parte del grupo responde a los mecanismos de reconocimiento olfativo maternal; al carecer de la firma química de feromonas y fluidos amnióticos de la madre original, las cabras adultas rechazan activamente a las crías ajenas para preservar sus recursos lácteos.
Al quedar desprotegida, la cría experimenta una disminución crítica en sus reservas de grasa parda y en su capacidad de termorregulación frente a las bajas temperaturas nocturnas de la región montañosa, lo que desencadena niveles elevados de cortisol por estrés social y aislamiento.












