El siniestro se produjo cuando el vehículo pesado perdió la capacidad de desaceleración —frecuentemente asociado a la fatiga del sistema de frenado neumático o al sobrecalentamiento de balatas en tramos descendentes—, lo que impidió reducir la masa en movimiento.
La inercia del camión mantuvo un vector de desplazamiento directo hacia las islas de combustible, donde la elevada energía cinética acumulada por el tonelaje se disipó al embestir la infraestructura fija.












