Durante los incendios en zonas silvestres, el fuego genera temperaturas altísimas que superan los cientos de grados centígrados, acompañadas de denso humo y gases tóxicos que asfixian a los animales en cuestión de minutos.
Aunque el armadillo cuenta con un caparazón rígido de placas óseas que lo protege de ciertos depredadores, esta coraza no lo aísla del calor extremo ni del fuego directo.












