Un alce adulto puede superar fácilmente los 600 kilos de peso y, a pesar de su fisonomía robusta, es capaz de acelerar a más de 50 kilómetros por hora en un par de zancadas.
Aunque su visión es deficiente para detectar objetos estáticos, su sentido del oído y del olfato captan el menor cambio en el entorno; si el animal percibe una intrusión en su espacio o se siente acorralado, no huye, sino que ejecuta una carga embestidora de impacto directo.












