Cuando se inhala el polvo fino del limado y los vapores de estos solventes, las partículas cruzan rápidamente la barrera alveolar hacia el torrente sanguíneo, afectando el sistema nervioso central.
La exposición crónica sin ventilación industrial ni equipo de protección con filtros de carbón activado (los cubrebocas quirúrgicos de tela son inútiles ante gases) provoca desde dermatitis de contacto severa y asma ocupacional, hasta neuropatías y daños hepáticos irreversibles a largo plazo.