En el ojo humano, este rango no solo estimula los conos y bastones de la visión, sino que activa directamente a las células ganglionares de la retina intrínsecamente fotosensibles, las cuales contienen el fotopigmento melanopsina.
Al captar este estímulo, las células envían un potencial de acción directo al núcleo supraquiasmático del hipotálamo, el reloj maestro del cuerpo.