De acuerdo con especialistas e inspectores ambientales, las extraordinarias crecidas registradas en el cauce del río Paraná y sus afluentes saturaron los albardones y humedales habitualmente utilizados por esta especie amenazada para refugiarse y alimentarse, forzándolos a desplazarse hacia áreas habitadas en busca de zonas secas y presas, lo que incrementó el riesgo de atropellamientos o ataques de animales domésticos.