Durante la ejecución de un robo a mano armada, la amígdala del delincuente gatilla una descarga masiva e incontrolada de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) para sostener el estado de alta tensión.
Si el individuo padece una patología coronaria subyacente, hipertensión o una malformación vascular no diagnosticada, este pico drástico en la frecuencia cardíaca y la presión arterial puede desatar una fibrilación ventricular letal, un vasoespasmo masivo o la ruptura de un aneurisma en cuestión de segundos.











