El ambiente se puso tan absurdamente festivo que la porra carioca cargó al aficionado y lo empezaron a lanzar por los aires como si hubiera ganado el campeonato del mundo, transformando sus lágrimas de tristeza en puras carcajadas de incredulidad. Déjanos saber en los comentarios: si tu equipo pierde de la forma más dolorosa posible, ¿dejarías que una porra brasileña te adoptara para curarte la depresión a puros brincos?