Para verificar que no están hablando con un holograma de inteligencia artificial, las empresas están obligando a sus empleados a cumplir con retos en vivo a mitad de la videollamada, como exigirle al jefe que se gire repentinamente de perfil, que se pase la mano frente a los ojos o que sople un pedazo de papel ante la cámara.