Un fenómeno conocido como “nieve negra” está transformando los paisajes de las grandes cordilleras. Partículas de hollín, carbón vegetal y residuos industriales viajan miles de kilómetros hasta depositarse sobre la nieve y los glaciares.
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Al oscurecerse, la superficie pierde parte de su capacidad para reflejar la luz solar y comienza a absorber más calor, lo que favorece un derretimiento más rápido.
El impacto va más allá de las montañas: amenaza las reservas de agua dulce, los ríos que abastecen a millones de personas y contribuye al deterioro de los ecosistemas de alta montaña.













