El metraje, registrado con un dispositivo móvil por un testigo presencial, muestra cómo un desacuerdo verbal escaló rápidamente a agresiones físicas en presencia de estudiantes y tutores que arribaban a la institución.
El suceso desató una intensa ola de indignación pública no solo por la fractura del civismo dentro de un entorno pedagógico, sino por el persistente cuestionamiento ético hacia la actitud pasiva de la persona que documentaba la riña sin intervenir para frenar el conflicto.












