En las imágenes difundidas en plataformas digitales, se observa al groomer bailando, jugando y manteniendo una actitud festiva mientras asea, corta el pelo y baña a los perritos que acuden al establecimiento.
Lejos de manifestar el miedo, la irritabilidad o la ansiedad habitualmente asociadas al ruido de las tinas y las herramientas de corte, los caninos exhiben una sorprendente calma y complicidad, interactuando de forma totalmente cómoda y dócil durante todo el proceso de acicalamiento.












