Lejos de desplegar una postura inmediata de ataque o territorialidad, el plantígrado avanzó a paso firme pero cauteloso hacia el hombre, quien reconoció al ejemplar por haber sostenido un avistamiento previo con él semanas atrás.
Para asombro de los testigos que grababan a distancia, el animal se detuvo a escasos metros del sujeto y mantuvo contacto visual directo sin mostrar signos de agresión imprevista, sugiriendo un claro patrón de reconocimiento e identificación de la figura humana antes de retirarse hacia el área boscosa.












