Aunque las autoridades locales no reportaron personas lesionadas ni pérdidas humanas que lamentar, la fuerza de la corriente flotó lonas, volcó estructuras metálicas y arrastró mercancía diversa, dejando un saldo de cuantiosas pérdidas materiales para decenas de comerciantes que vieron cómo en cuestión de minutos el agua destruía su trabajo y sustento diario.
Desde la perspectiva de la hidrología urbana, este tipo de desastres no son “accidentes de la naturaleza”, sino el resultado directo de la impermeabilización del suelo y la ausencia total de infraestructura para el manejo de aguas pluviales.












