Con una extensión de más de 62 hectáreas, este camposanto trasciende su función operativa para erigirse como una invaluable cápsula del tiempo arquitectónica.
En su trazado descansan algunas de las expresiones más puras del arte funerario porfiriano en México, exhibiendo una imponente mezcla de estilos neogótico, neoclásico y art nouveau, forjados en materiales de alta resistencia y belleza como la cantera rosa local, el granito y el mármol de Carrara importado directamente desde Europa.












