Debido a que las estrellas se encuentran a distancias insondables —Próxima Centauri, la más cercana a nuestro sistema, se ubica a 4.24 años luz—, su luz llega a nuestro planeta como un haz de dimensiones prácticamente puntuales.
Cuando este delgado y frágil rayo lumínico penetra las diferentes capas de la atmósfera de la Tierra, colisiona con violentas corrientes de aire que presentan constantes variaciones térmicas y de densidad.












