Las embarcaciones de propulsión a chorro succionan agua mediante un impulsor interno a altas revoluciones para expulsarla por una tobera de dirección; al navegar a velocidad en avenidas con bajo tirante de agua, el desplazamiento del casco genera estelas de olas con una elevada fuerza cinética.
Esta sobrepresión hidráulica impacta de forma lateral contra muros de mampostería, fachadas saturadas de humedad y barreras temporales de contención, provocando el desprendimiento de revestimientos e infiltrando aguas contaminadas en interiores que permanecían secos.